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El debate de la eutanasia pone
al descubierto cuáles son deberes del Estado o políticos
y cuáles son deberes personales.
La tutela de la vida humana es
un deber político que no puede relegarse a la moral particular
o privada de cada uno. La vida física es un bien universal
que no puede ser amenazado por ninguna circunstancia.
Existen dos planos diferenciados:
1. Jurídico-político:
regula las relaciones entre los hombres por la convivencia en paz,
seguridad y libertad y protege los bienes comunes de los que participamos
todos y en los que la vida física de cada hombre es presupuesto
necesario para la existencia de otros bienes. No es un deber del
Estado hacer bueno al hombre a través de las leyes civiles,
pero sí proteger a todos los que pueden verse privados del
derecho fundamental a la vida especialmente ante la vulnerabilidad
que comporta la enfermedad.
2. Moral: regula los actos
individuales. El presunto derecho al suicidio asistido es una opinión
o deseo personal. Una cosa es el deseo que todos tenemos de morir
bien y otra bien distinta despenalizar el acto intencionado de supresión
de una vida: el homicidio.
El derecho a la protección
de la vida física de cada persona y bajo cualquier circunstancia
de enfermedad o de vejez es el fundamento que nos protege de los
criterios éticos de los demás sobre la propia existencia,
de la forma en cómo los otros "me ven", e incluso
de la moralidad particular de aquel que no descubre el respeto debido
siempre al otro, como el médico que practica eutanasias.
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