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En un artículo en First Things titulado "El Sexo
Quirúrgico", el Dr. Paul McHugh de la Johns
Hopkins University ha puesto en entredicho una parte de la propaganda
que se da al fenómeno denominado "cambio de sexo".(1)
Desde el principio, McHugh tenía sus dudas. Entrevistó a
los hombres para quienes los cirujanos habían creado cuerpos con
apariencia femenina y se encontró con que eran ahora mujeres poco
convincentes. Afirma:
Ninguno de estos encuentros resultó
convincente... Los individuos postquirúrgicos me impresionaron
como chocantes caricaturas de mujer. Calzaban tacones altos y usaban
abundante maquillaje y ropaje extravagante. Me hablaron de cómo
se encontraban a sí mismas capaces de dar rienda suelta a sus
naturales inclinaciones de paz, hogar y dulzura - pero sus manos grandes,
su prominente nuez de Adán y unos rasgos faciales gruesos resultaban
incongruentes (y lo irían siendo más y más a medida
que envejecieran). Mujeres psiquiatras a las que envié para que
hablaran con estas personas penetrarían en la realidad - de forma
intuitiva- a través del disfraz y de las posturas exageradas.
"Chicas conocen a chicas", me dijo una, " y este es un
tío." (2)
Cuando fue nombrado psiquiatra jefe en Johns Hopkins, McHugh decidió
desafiar lo que consideraba una dirección equivocada de la psiquiatría.
Animó a proseguir un estudio ya iniciado acerca de los resultados
de estos procedimientos quirúrgicos. El estudio encontró
que mientras la mayoría de los clientes afirmaban que eran felices
con los resultados, los diversos problemas psicológicos que tenían
antes de someterse a cirugía no habían cambiado en absoluto.
Tenían aún las mismas dificultades con sus relaciones, con
el trabajo, y con sus emociones.
McHugh concluyó que "proporcionar un cambio quirúrgico
al cuerpo de esta gente desafortunada era colaborar con un trastorno mental
más que tratarlo." (3)
Ordenó detener esta práctica en el Johns Hopkins e intentó
convencer a otros de que tales intervenciones eran un mal uso de la psiquiatría
y de la cirugía. Sin embargo. a pesar de la evidencia, el apoyo
a la idea de las operaciones de "cambio de sexo" ha continuado
creciendo. De hecho, han aparecido varios artículos discutiendo
si es aconsejable iniciar el proceso de "cambio de sexo" en
la adolescencia o incluso antes. (4)
McHugh se mostró frustrado al encontrar que aquellos que promueven
esta práctica no se dejaban convencer por la evidencia empírica:
Se podría esperar que aquellos
que afirman que la identidad sexual no tiene bases biológicas
o físicas aportaran más evidencias para persuadir a otros.
Pero como he podido aprender, existe un profundo prejuicio en favor
de la idea de que la naturaleza es totalmente maleable.
Si no se acepta ninguna
posición determinada y fija acerca de lo que se da en la naturaleza
humana, cualquier manipulación de ella puede ser defendida como
legítima. Una práctica que parece dar a la gente lo que
quiere - y lo que algunos de ellos están dispuestos a reclamar
- termina por ser difícil de combatir por medio de la experiencia
y sabiduría profesional ordinarias. Incluso se muestra resistente
a aceptar ensayos controlados. Los resultados de cuidadosos estudios
de seguimiento, diseñados para asegurar que la propia práctica
terapéutica no es dañina, son rechazados. (5)
1 Paul McHugh, "Surgical Sex," First
Things 147 (November 2004): 34-38. [Back]
2 Ibid., 34. [Back]
3 Ibid., 35. [Back]
4 Robert Listernick, "A 13-Year-Old Boy Who
Desires Gender Reassignment," Pediatric Annals 32.6 June 2003): 378
382; Yolanda Smith, Stephanie Van Goozen, Peggy Cohen Kettenis, "Adolescents
with Gender Identity Disorder Who Were Accepted or Rejected for Sex Reassignment
Surgery: A Prospective Follow Up Study," Journal of the American
Academy of Child and Adolescent Psychiatry 40.4 (April 2001): 472-481.
[Back]
5 McHugh, "Surgical Sex," 37-38. [Back]
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