RU-486
El pasado 12 de diciembre tuvo lugar en Madrid una jornada bajo el lema "El aborto con píldora: aspectos biomédicos, legales y morales". La iniciativa surgió del ámbito confesional interesado en escuchar opiniones en torno a la introducción en nuestro país de la píldora abortiva RU-486. En ella participaron profesionales de distintos campos interesados en esta nueva forma de intervención sobre la incipiente vida humana. Uno de los ponentes, el Dr. José Mª Simón Castellví, se lamentó de que estas iniciativas de debate no surjan del propio colectivo biosanitario y se relegen a iniciativas externas al mismo.
Estamos ante la introducción de un nuevo producto farmaceútico que cuenta ya con 16 años de existencia y con una gran controversia social a sus espaldas. La RU-486 es farmacológicamente un 19-noresteroide con una alta afinidad por los receptores de los glucocorticoides y de la progesterona. Esta última, la progesterona juega un papel esencial en las fases tempranas de la gestación, actuando sobre el endometrio en la segunda fase del ciclo menstrual, preparándolo para acoger al embrión. La RU-486 interrumpe este desarrollo del endometrio e impide la implantación del embrión en el útero materno.
Es evidente que nos encontramos ante una nueva forma de intervención sobre el inicio de la vida humana: la manipulación sobre el ciclo menstrual femenino que pasará de la anticoncepción hormonal dirigida a evitar la ovulación, a la "contragestación", en la que al óvulo, ya fecundado, se le impide por medios farmacológicos, anidar en el útero materno. La contracepción pasará a ser contragestación, que no necesitará de la intervención quirúrgica para provocar el aborto, con las consecuencias tanto personales como sociales que implica este "nuevo logro" de los que se llaman "científicos".
Todo esto nos lleva a reflexionar sobre aspectos más globales que la mera denuncia de este ingente armamento contra algo tan humano y natural como el producto de una entrega personal entre hombre y mujer: el hijo.
Desde hace unos treinta años, la anticoncepción es un hecho generalizado en el mundo occidental. Venía a liberar a la mujer de todos los males que impedían su realización y a encontrar la igualdad, tan buscada con el varón. La realidad está siendo bien otra. Muchos aspectos tanto personales como sociales están cambiando en relación al uso de la sexualidad: aumenta el índice de abortos, de divorcios, de violencia sobre mujeres e hijos, de enfermedades infecciosas etc, etc. Pues, si la anticoncepción venía a beneficiar a alguien, ese primer "beneficiado", en contra de las expectativas ha sido el varón, pues en la práctica, lo exime de la responsabilidad de sus acciones sexuales. Es como si los embarazos dependieran exclusivamente de la mujer, pues siendo ella la receptora de la vida y teniendo en su mano la posibilidad de evitarlo, el hombre quedara eximido de su corresponsabilidad participativa en la relación sexual y de padre. Y nos encontramos con mujeres que deben afrontar solas las decisiones en cuanto al hijo, de forma unilateral y, con total abandono por parte de varón. Lograda la posibilidad de romper con la consecuencia de la relación, van surgiendo otro tipo de problemas en la que la mujer se ve afectada tanto en su equilbrio físico como psicológico, sobre todo cuando tiene que recurrir al aborto. Francesc Abel, que participó en esta jornada, propuso difundir "la psicología del perdón" en las abortistas y describió la dificultad que encuentran algunas mujeres en perdonarse a sí mismas. La necesidad de apoyo quedó reflejada en esta intervención. El perdón siempre es consecuencia del reconocimiento de un error y ..... ¿no será que estamos ante una realidad de difícil manipulación que siempre enfrenta a la mujer con la eliminación de su hijo?
La fertilidad de la mujer, por muchos hombres que existan sobre nuestro mundo, no es equiparable a una infección a combatir, es algo mucho más profundo, insertado en su propia naturaleza libre y digna. Los aspectos más urgentes de cambio son, en primer lugar, la forma de "verse" la mujer a sí misma, y en segundo lugar, modificar la postura del varón ante la fertilidad de la mujer, pues es ella la receptora de la nueva vida. Lo que en un principio libera de una obligación se vuelve contra uno de muy diferentas maneras. Cuando existe sentido común y verdadera compenetración entre hombre y mujer, los procesos fértiles de la mujer pasan a ser también procesos fértiles del varón. Esta postura de respeto siempre será un beneficio para la mujer, para su unidad familiar y para toda la sociedad. Una propuesta a todo este arsenal anticonceptivo y contragestacional es esta: un cambio direccional en la forma de "ver" la fertilidad de la mujer, sin olvidar su naturaleza y el respeto que como toda persona humana merece.
Las técnicas dirigidas a la anticoncepción y ahora a la contragestación, precisamente por su impacto sobre la intimidad sexual, han trastocado nuestro modo de entender los fines de la sexualidad, de la fertilidad e incluso del matrimonio. Es el momento de poner en tela de juicio, una vez más, el beneficio de estas nuevas técnicas. Podemos y debemos encontrar mejores soluciones.
