EDITORIAL FEBRERO 2000

LA ÉTICA DE LOS ACTOS MENORES

Este editorial no pretende ser un ejercicio de erudición bioética, sino más bien una reflexión sencilla sobre hechos sencillos, cotidianos, repetitivos hasta la saciedad, pero no por ello exentos de valores sobre los que tomar opción y adoptar actitudes.

La razón de esta reflexión, radica en el convencimiento de que las personas rutinariamente actuamos según los hábitos aprendidos y aceptados como buenos, bien sea después de reflexionar sobre su bondad y corrección ética o por adaptación pasiva a aquello que comúnmente se hace (costumbres). Esto implica que diariamente nos cruzamos con multitud de pequeños dilemas éticos a los que habitualmente respondemos por mecanismos automáticos de respuesta aprendida, a los que no concedemos el valor suficiente como para reflexionar sobre su bondad o si se prefiere, adecuación ética. La hipótesis de trabajo se formula sobre la base que difícilmente estaremos en condiciones de detectar, analizar y valorar dilemas éticos superiores, si nuestros hábitos personales no se han construido a partir de la reflexión y del ejercicio permanente de cuestionarse la corrección ética de nuestra actuación. Como en la práctica del sacrificio, difícilmente podemos aspirar a disponer de la fortaleza para afrontar sacrificios heroicos si no nos hemos entrenado en doblegar diariamente pequeños deseos, quizás legítimos pero prescindibles. Por lo tanto, deberíamos entrenarnos en una práctica cotidiana ética, de valor no prescindible, para poder afrontar dilemas éticos "superiores".

Para avanzar, convendría aceptar el principio de que "hacerlo bien" y "hacerlo, si es posible, mejor" es una exigencia ética, personal en tanto que individual, irrenunciable con relación al nivel de exigibilidad y universal, en tanto que afecta a todos, para todas las actividades y siempre.

Este hecho se da en todos los ámbitos de la actuación humana, pero es cierto que con especial incidencia y relevancia en el ámbito asistencial, en la interacción del médico (personal sanitario) con el paciente, con otros colegas, con las instituciones, compañías de seguros, etc.

Como ejemplos y tomando como criterio inicial de segmentación aquellas situaciones que afectan a los cuatro principios básicos bioéticos, se pueden identificar una multitud de oportunidades de actuación con connotaciones éticas claras. Así pues, unificando beneficencia y no maleficencia como diferentes ópticas de un mismo proceder, podemos encontrar:

En la órbita del respeto al principio de autonomía:

Con relación al principio de justicia:

Todos ellos son ejemplos de situaciones que se producen con mucha facilidad en la práctica asistencial diaria y que suponen continuas oportunidades de realizar una práctica éticamente adecuada. Algún autor propugna el ejercicio del análisis de conciencia como práctica de mejora del comportamiento de los profesionales sanitarios delante de tantas pequeñas encrucijadas éticas con las que nos encontramos a diario. ¿Sirve esta mínima guía, para tales efectos?

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