EDITORIAL JUNIO 2000

CAMPAÑAS DE DONACIÓN DE ÓVULOS

"Las clínicas de reproducción asistida se lanzan a captar donantes de óvulos en universidades". Este titular encabezaba las noticias aparecidas en los medios de comunicación catalanes los últimos meses. Los centros de reproducción asistida han empezado a realizar campañas publicitarias entre las jóvenes universitarias para captar donaciones de óvulos. Los carteles colgados en las paredes de las universidades transmiten el siguiente mensaje: "Tú eres fuente de vida. Hazte donante óvulos". "Buscamos estudiantes que quieran ser donantes". "Los óvulos se destinaran exclusivamente a ayudar a parejas estériles." (Compensación económica:150.000 ptas.). Las fundaciones "Pro-donación de óvulos" intentan persuadir a las universitarias con este mensaje para difundir los programas de obtención de ovocitos que tienen como fin proporcionar la posibilidad de embarazo a mujeres infértiles.

Las clínicas de reproducción asistida topan con la escasez de óvulos para conseguir su finalidad: dar un hijo a la mujer infértil. El mensaje transmitido en los carteles es verdadero pues toda joven es fuente potencial de vida y esta vida la transmite no solamente por las células germinales o gametos sino a través de la relación en la que se unen dos personas de distinto sexo. Hasta hace muy poco, y sin la intervención de la reproducción asistida, no era posible engendrar un nuevo ser. Sin la unión de un hombre y una mujer (algo bastante más digno que la mera obtención de los gametos) no era posible generar vida. Ante la posibilidad de una unión de gametos asexuada surgen los primeros inconvenientes éticos en la donación de ovocitos y espermatozoides pues a través de ellos, y solamente por ellos, hoy por hoy, generamos hijos. La joven donante se convierte en madre; la madre biológica del hijo que una mujer infértil gestará.

La campaña utiliza la sensibilidad social frente a otro tipo de donaciones con una finalidad altruista y curativa como son la donación de sangre, órganos o tejidos de los que se pueden beneficiar otras personas. Ahora bien, detrás de la donación de óvulos hay una realidad muy diferente y esta campaña la utiliza para obtener sus fines, jugando con la sensibilidad en lo bueno que hay detrás de una donación. La realidad es otra y muy diferente pues son las células sexuales (óvulos y espermatozoides) las que nos capacitan para ser padre o madre. La donación no es terapéutica, pues nada cura, es sustitutiva de una función generadora de la progenie.

Por otro lado, la campaña advierte que los embriones obtenidos solamente serán utilizados para ayudar a parejas estériles, pues el fantasma de la utilización de los embriones para otros fines más oscuros como la investigación, la cosmética o las nuevas terapias anda suelto en el ambiente y por ello se hace necesario explicitar el fin: solo serán utilizados para hacer hijos. El error del procedimiento en las técnicas de reproducción asistida es flagrante, inseguro e incierto. Se hace necesario sumirlo en el anonimato total, omitiendo los derechos de toda persona a conocer sus orígenes y a ser generado por algo más que la manipulación y donación de gametos. ¿Qué pasaría si esta donación no fuera anónima? ¿Quién asumiría esta donación con la responsabilidad que dentro de unos años aparezca un personajillo reclamando o queriendo conocer a su madre o padre? ¿Dónde están los derechos del niño engendrado? La donación no exime de responsabilidad sobre lo que es propio de la persona y toda acción humana conlleva una dimensión ética de la que no nos libra el anonimato consentido y explicitado.

Otro aspecto interesante de esta campaña es la compensación económica que se ofrece por "las incomodidades" que produce extraer de la joven los óvulos fielmente guardados en su cuerpo. No ocurre así en el varón que suele recibir 5.000 pesetas por eyaculado. La joven que va a donar sus óvulos se ha de someter a un tratamiento de estimulación ovárica con fármacos para obtener varios óvulos en vez del único óvulo que aporta en un ciclo sin estimulación hormonal. Se obtiene así, una media de diez óvulos por cada donación que se recuperan por aspiración vaginal y que requiere anestesia local. Debe acudir unas veinte veces al centro y el proceso no está exento de riesgo sanitario.

En marzo de 1999, un anuncio publicado en las universidades más prestigiosas de EEUU creó un revuelo pues allí la compensación adquiría unas dimensiones desorbitadas: se ofrecían 50.000 dólares (algo más de 7 millones de pesetas) por los óvulos de una joven que debía coincidir con las características del anuncio que rezaba: "Se busca chica alta, superdotada y atractiva. Trabajo: Donar óvulos para embarazo". Respondieron 200 mujeres estudiantes, guapas, atléticas y especialistas en Lengua, Literatura y Ciencias. La oferta procedía de unos abogados –Darlene y Thomas Pinkerton– en nombre de unos clientes sin identificar. Lo paradójico de esta noticia fue que con anterioridad, concretamente en el mes de octubre de 1998, se había colocado el mismo anuncio sin mencionar el dinero compensatorio de tan preciado material. Sólo recibieron seis respuestas. Al ofrecer 50.000 dólares a la superdotada, llovió el número de candidatas.

El Convenio de Bioética del Consejo de Europa, que entró en vigor el pasado 1 de enero de 2000, cita en el capítulo VII, art. 21: "El cuerpo humano y sus partes, como tales, no deberán ser objeto de lucro". Para finalizar: otra reflexión sobre la compensación económica por la donación ¿Darían estas jóvenes universitarias sus óvulos a cambio de nada? ¿No es acaso la compensación económica la que motiva a estas jóvenes a donar sus óvulos? En España, hay 114 centros autorizados para realizar estas intervenciones, pero sólo quince son públicos con una lista de espera para acceder de cuatro años. La industria del niño parece ser rentable.

La etapa en la que los niños son considerados como productos está abierta y esta concepción va en contra de uno de los presupuestos de respeto al ser humano como persona y como perteneciente a la especie humana, reconociendo el valor de su dignidad que no puede tener nunca precio alguno. A la persona se le puso precio en los períodos pasados de esclavitud, ante la necesidad de mano de obra. Ahora las nuevas formas de esclavitud son mucho más sutiles y difíciles de fundamentar, aunque se legitimen por ley estas acciones sobre el inicio de la vida del hombre y las células necesarias para que se inicie. Las personas no somos mercancías y en el tema que nos ocupa, la libertad y el consentimiento de la persona que hace la entrega vulnera la dignidad de otro, el niño, por las acciones e intercambio biológico al que es sometido en el inicio de su vida.

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