EDITORIAL SEPTIEMBRE 2000
Sobre la llamada clonación terapéutica
El gobierno británico propondrá a su parlamento la aprobación del uso de embriones humanos para clonar células, obtener células madre y producir células o tejidos diferenciados para ..curar, claro, para curar enfermedades que de otra manera, según ellos, no se podrían curar. Posteriormente, para no quedar atrás en el negocio, el gobierno norteamericano ha aprobado otorgar fondos públicos para esta tarea, que hasta ahora, sólo se podían realizar con fondos privados.
Nuestra respuesta es la misma de siempre: el beneficio pretendido se puede obtener investigando en otras líneas, como el uso de tejidos de animales transgénicos o cultivando tejidos humanos adultos, por citar algunos de los diversos métodos que la ciencia tiene para resolver algunos problemas. Es decir, no se necesita obligatoriamente manipular y destruir vidas humanas, en forma embrionaria, para curar nada. La vida humana es inviolable y no se puede manipular para ningún fin.
Para confundir un poco más a la opinión pública se pretende acuņar el término "nuclóvulo" para denominar a un embrión humano "producido por" y "destinado a" investigación y producción de tejidos para trasplantes u otros fines que nos resistimos a llamar científicos. Pero un embrión humano es una vida humana a respetar tanto si es fruto del amor como de una violación, tanto si está destinado a ser rey o a ser simple ciudadano. Cambiar el nombre de las cosas no modifica lo nominado, un embrión humano lo sigue siendo aunque lo llames "nuclóvulo" y un aborto provocado lo sigue siendo aunque lo llames "IVE: interrupción voluntaria del embarazo".
Esta manipulación de nombres y datos científicos lleva a desesperados padres de hijos enfermos a suplicar la autorización de procedimientos no éticos con la esperanza de obtener la curación para sus niņos. A estas personas deberíamos aclararles que la posible curación de sus hijos se obtendrá con procedimientos ya en investigación sin necesidad de recurrir a la clonación de embriones humanos, y, además, lo más doloroso del engaņo, es que aunque se consiguiera una técnica curativa por clonación, sería tan costosa que sólo pocos millonarios se podrían beneficiar de ella. El corazón de un padre con un hijo enfermo hacen perder de vista la objetividad y comprender que todas las vidas humanas tienen el mismo valor: pretender la destrucción de miles de embriones para salvar al hijo no es la solución.
Noëlle Lenoir, presidenta del Grupo Europeo de Etica en Ciencia, afirma que no se puede llegar a un consenso en bioética sobre este tema y nos parece normal que así sea si no se está de acuerdo en el principio básico de respeto a la vida humana desde su inicio, desde el estado de zigoto.
Por desgracia este verano también nos han asaltado noticias (asesinatos de ETA, negligencia en el rescate del submarino Kursk) que demuestran el desprecio por la vida humana y su instrumentalización o sacrificio a fines diversos como el orgullo nacional, dentro y fuera de nuestras fronteras. Citamos estos ejemplos para que se vea claro que el principio de respeto a la vida humana debe estar siempre presente y que su olvido puede alcanzar diversas facetas de la sociedad: la ciencia, la política o el ejército.
Ahora que se habla de "crecimiento sostenible" se debería tener en cuenta que el desarrollo de ciertas técnicas biológicas que desprecian la dignidad de la vida humana llevan a un tipo de "crecimiento" insostenible desde el punto de vista de los valores. Y como también se habla de los nuevos valores que necesita la sociedad, pensamos que uno de los primeros valores sería una exquisita sensibilidad y delicado respeto por la vida física humana desde su inicio hasta su fin.
Actualmente la producción de embriones humanos para la investigación está prohibida por la Convención de Derechos Humanos y Biomedicina del Consejo de Europa, ratificado por Espaņa pero no por el Reino Unido. Italia, Francia y Alemania no lo permiten en sus legislaciones. El gobierno británico no ha sabido resistir la presión de la poderosa industria farmacéutica británica que no quiere que otros países le adelanten en sus investigaciones, con la excusa de que si no lo hacen ellos lo harán otros países y se quedarán las patentes. Este pésimo argumento de muchos profesionales atemorizados ante la falta de ética en su ámbito de trabajo y que acaban sucumbiendo, realizando actos profesionales poco deontológicos: ""si no lo hago yo , lo harán otros". A gobiernos y a profesionales hay que recordarles que el fin no justifica los medios.
Seamos positivos para acabar este editorial. Se debe animar a los científicos y profesionales de la sanidad, en general, a investigar para curar las enfermedades siguiendo rutas éticas, caminos correctos, en el desarrollo de sus técnicas y que con sus éxitos demuestren al mundo que respetando al hombre los avances son mayores y mejores. Por último, una buena noticia: El Parlamento Europeo ha decidido seguir prohibiendo la clonación de embriones humanos, aunque sea con fines de investigación.
