“CARTA
DE UNA MADRE A LOS EMBRIONES.”
Publicada
en el semanario Alfa y Omega (ABC), el
19-X-2000. Firmada por Isabel Viladomiu Olivé, presidenta de ACEB.
Mis muy queridos pequeños:
Siento
enormemente que el avance tecnológico y la visión que algunas personas tienen
de vosotros os sitúe en la palestra de un importante debate político, social
y científico que pide la legalidad para "produciros" en el laboratorio
y posteriormente poderos destruir para utilizaros como "tratamientos"
para curar a personas enfermas. Os debo confesar que no soy bióloga pero
me esfuerzo para indentificaros cuando los expertos hablan de la fase de
desarrollo en que os encontráis: mórula, blastocito o trofoblasto y poder
entender mejor lo que se dice de vosotros. Algunos dicen que estas expectativas
de curar con vuestras células están a años luz y que hay más intereses económicos
en juego que verdades científicas. Pero el hecho es que de nuevo sois un
signo de contradicción que genera posturas enfrentadas entre los
clamamos que sois humanos y los que niegan vuestra pertenencia a nuestra
especie.
Todo
empezó por los años 70 cuando se pensó, vio y fue técnicamente posible manipular
vuestra vida en el laboratorio poniendo en contacto un óvulo y un espermatozoide,
dando lugar a las técnicas de reproducción asistida que os han generado
a todos vosotros. Ha sido necesario crear un término nuevo, no sé si entenderéis
esto, el de pre-embrión, para aquellos que todavía no habéis alcanzado los
14 días de vuestra presencia en nuestro mundo, para que bajo el amparo de
la Ley Civil se os pueda manipular sin dolor allá dónde más nos duele a
los humanos: la conciencia. A los que sobráis para transferiros al útero
materno os introducen en el congelador, para teneros de repuesto como si
de judías verdes para consumo se tratase. Os han puesto en un lugar que
no os corresponde: el congelador de nitrógeno líquido a -196º, en vez del
lugar cálido y seguro del útero de vuestra madre. Tenéis que pensar que
nadie sabe a ciencia cierta cual es la mejor solución a vuestra situación
congelada y que mejor corresponda a vuestra dignidad.
Siempre
he pensado que el problema se ha generado por "desearos" y encender
vuestra vida sin contar con papá y fuera de mamá, de quereros uno en uno
como hace la naturaleza y no de 10 a 10 como hace la técnica. Os generaron
para ser hijos suyos pues ¡es tan fuerte el deseo de teneros!
que lo oscurece todo, saltándonos las reglas de respeto que todos nos debemos.
Hoy, quien quiera, ya puede entender donde está la raíz de nuestro y vuestro
problema: la extracción y manipulación de los gametos de nuestro cuerpo,
pues con ellos os generamos como hijos. La técnica ha roto la profunda conexión
entre el amor y la generación de la vida provocando la situación de indefensión
en la que os encontráis.
Esperaba
que la lectura del genoma solucionara, de una vez por todas, vuestro problema
de identidad pues apuntaba a corroborar la identidad genética exclusiva
de cada uno de vosotros y la nuestra, pero no ha sido así. Este nuevo avance
solo ha servido a la carrera de la industria biotecnológica y para seleccionaros
entre vosotros, pues unos sois los sanos y otros los posibles portadores
de una enfermedad. También se os selecciona por un criterio que no consigo
entender, por más vueltas que le dé, y es el de viabilidad, pues un ser
vivo esta vivo o está muerto pero ¿qué significa viable?. Quiero explicaros
que tengo una hermana de las que quizá hoy no se le hubiera permitido vivir
que pertenece a los "no queridos o portadores de defectos congénitos"
que no ha podido desarrollar su inteligencia pero sí su capacidad enorme
de querer, ante lo que me pregunto ¿qué vale más la inteligencia sin corazón
o el corazón sin inteligencia? Me decanto sin dudar por un corazón verdadero
porque detrás de tanto desarrollo y manipulación ya nadie quiere veros como
seres humanos desde el inicio de vuestra existencia. Este re-conocimiento
que propongo les obligaría a parar de produciros.
Estamos
en unos años en que la manipulación en el inicio de la vida ha cambiado
profundamente, por no decir anulado, el sentido maravilloso de la sexualidad
humana. Os quiero explicar que de joven, algo más de lo que soy ahora, no
entendía el porqué se desaconsejaba la anticoncepción, pero llamé, busqué
y encontré el sentido que hay detrás de toda vida humana y de la relación
conyugal. Nuestra condición de humanos requiere siempre esta búsqueda. He
de deciros que esta nueva forma en la que os veo, tan alejada de la mayoría,
me hace sufrir ya que soy mujer y madre, pero me ha enseñado el respeto
debido a todos y a cada uno de los hombres sobre la tierra, ya sea un embrión
o un agonizante.
He
estudiado, leído y hasta he cursado uno de estos masters maratonianos en
horas que te dan el título de especialista en Bioética, pero quiero confesaros
que hoy nadie tiene la valentía de reconocer en un "grupo de células"
el mismo inicio que hemos tenido todos. En estos foros de "especialistas"
campa a sus anchas la ausencia total de sentido común en los razonamientos
que esgrimen para poder hacer lo que quieren con vosotros; no quieren atender
al conocimiento actual y dicen que es un asunto de moral religiosa, ¡cómo
si de la relación conyugal en todo el mundo no nacieran niños! A mí también
me rechazan, como a vosotros, porque soy molesta a sus ideas, en mi caso
por una maternidad asumida libremente y con plena conciencia de que mis
hijos me ha regalado lo que me gusta llamar el doctorado de la vida
quizá más sensato que cualquier cátedra académica. La ciencia, queridos,
deberá responder seriamente a vuestra condición de humanos tarde o temprano
y con ello ganaremos todos en humanidad y respeto que falta nos hace.
Quiero
hablaros, para acabar, del camino nada fácil y exigente que requiere, no
solo encargaros, sino daros todo lo que un niño merece, y no hago referencia
solamente a las cosas materiales que necesitáis, sino a la ayuda que todos
hemos recibimos para llegar a ser lo que somos y que también la quiero para
vosotros. Me comprometo a seguir hablando de cómo os veo y en dónde me gustaría
que fuéramos todos cocebidos, aunque a veces resulta duro enfrentarse a
una mayoría tan terca. Me consuela conocer que ante vuestra destrucción
en estas fases tan tempranas no sentís dolor, pero me duele que os traten
como cosas o productos, y más aún, me duele que la defensa de la vida física
de cada uno de vosotros se atribuya a creencias personales, como si ésta,
la vida, no fuera el principio rector de la pertenencia a lo que llamamos
Humanidad.
Con
mi más cordial afecto,
Isabel.
