Editorial 27-Noviembre 2000
“Parque Jurásico: una reflexion ética sobre la manipulación de la vida y
de las vidas”
Muchos críticos de la obra cinematográfica
de Spielberg consideran que, junto a grandes producciones como “La lista de Schindler” o “Salvar al soldado Ryan”, figuran obras
de muy escaso valor, entre las que destacan “Parque
Jurásico”. “Parque Jurásico”
plantea a la sociedad elementos de reflexión de innegable actualidad e interés
en el campo de la bioética. La trama se inicia con la presentación ante
un grupo constituido por un asesor financiero, un matemático especialista
en teoría del caos, un paleontólogo y una paleobotánica, de un ambicioso
proyecto lúdico-económico desarrollado a partir de la manipulación genética
de material fósil para obtener dinosaurios y especies vegetales ya extinguidas.
Los científicos visitantes se muestran
recelosos al saber que se ha mezclado material genético extraído de los
fósiles de dinosaurio con otro proveniente de rana y que se han criado especies
de dinosaurio muy peligrosas. El matemático pregunta como se regula el ecosistema
generado, a lo que uno de los científicos del parque le contesta que determinando
el sexo de los animales, y añade que “el control de la población es una medida de seguridad”. No conforme
con la respuesta, el matemático objeta que “la vida se abre camino”, alertando sobre la práctica imposibilidad
de controlar absolutamente una manipulación similar.
Durante la comida en la que se comentan
aspectos del proyecto, hay un contraste de actitudes en tres niveles. El
asesor financiero expresa una emoción difícilmente contenible ante las expectativas
económicas que vislumbra. El promotor modera su ímpetu, introduciendo la
necesidad del acceso universal a lo que allí se está preparando, que trasciende
el mero afán de lucro. Los científicos visitantes, sin ocultar la satisfacción
por comprobar la exactitud de conocimientos previamente deducidos a partir
de excavaciones, encadenan las reflexiones sobre las bases teóricas y las
consecuencias prácticas de lo que están valorando, partiendo cada uno de
elementos propios de su disciplina. Con gran sorpresa por parte de los anteriores
plantean objeciones conceptuales muy importantes. La visión del matemático
puede resumirse en tres frases: “La falta de humildad ante la Naturaleza que se demuestra aquí me deja
atónito”; “El poder genético es la mayor fuerza de la Naturaleza pero usted
lo esgrime como el niño que ha encontrado el revólver de su padre”; “A ellos
(los científicos del parque) les preocupaba
tanto si podían o no hacerlo que no se pararon a pensar si debían”. El
promotor, sorprendido, se pregunta “¿cómo
podemos hallarnos en el umbral de un descubrimiento y no actuar?”. La
respuesta recae de nuevo en el matemático: “Los
descubrimientos son actos violentos de penetración que hieren lo que exploran:
lo que usted llama descubrimiento es una violación del mundo natural”.
La ciencia y la técnica se distinguen
en tanto que la primera se refiere al saber, al conocimiento, y la segunda
al hacer, a la operación. Ciencia y técnica implican la síntesis de dos
momentos: especulación y referencia a la materialidad. La ciencia intenta
abstraer de lo singular y elaborar leyes lo más generales posible para describir
un máximo de fenómenos; su poder le viene de su abstracción. La técnica,
por el contrario, tiene por fin la concreción de su objeto, materializándolo
y dándole forma concreta: en sentido estricto, el proceso técnico es un
proceso de producción. A pesar de las diferencias expuestas, ciencia y técnica
están tan relacionadas y en mutua dependencia que se pueden considerar muchas
veces como actividades inseparables. La informática es un ejemplo de cómo
una técnica determinada consigue reorientar la investigación científica.
El científico descubre las leyes de la Naturaleza; el técnico busca, descubre
y concreta diferentes posibilidades de relación entre tales leyes.
El promotor utiliza para la visita a
sus nietos y a los visitantes, que desconocen el carácter de prueba de la
misma y los enormes riesgos a los que son sometidos. Su temeridad se va
haciendo patente en el curso del recorrido, donde cada nueva eventualidad
destapa interrogantes ya planteados y aún no resueltos. Pese a ello, la
presión de los inversores, que hace peligrar la viabilidad del proyecto,
es antepuesta a cualquier otra consideración.
Mención aparte merece la actuación del
informático del parque. Acepta hurtar embriones de dinosaurio que habrá
de entregar a pagadores sin escrúpulos. Para proteger su huida no duda en
poner en peligro a las personas que hay en la instalación, bloqueando las
comunicaciones y sistemas de seguridad. Tampoco se plantea lo que puede
suponer para la Humanidad el uso especulativo de los embriones robados.
El choque de actitudes que se produce entre el promotor y los científicos
visitantes pone de manifiesto la diferencia de profundidad en el análisis
de uno y otros. La superficialidad del análisis del promotor deriva de considerar
la situación únicamente bajo el prisma de la ciencia-espectáculo (o quizás
mejor llamarla técnica-espectáculo) y de la rentabilidad económica. Esa
misma superficialidad, con el proyecto en marcha, le hace arriesgar las
vidas de varias personas incluyendo sus nietos ante la presión de los financieros.
La suma de su conducta imprudente con la codicia del informático, culminando
un proceso carente de un correcto análisis previo a la actuación en todas
sus etapas, ocasiona la pérdida de numerosas vidas humanas y expone a la
Humanidad a un riesgo de proporciones incalculables.
Parque
Jurásico enfatiza
la necesidad de un análisis ético de las diferentes posibilidades y consecuencias
previo a la actuación. Hay quien opina que jamás una opinión ética ha detenido
el progreso. Los hechos demuestran que jamás una opinión ética ha detenido
el movimiento. Hablar de progreso implica definir un sentido de la marcha
y no todo lo factible entraña un progreso real por el mero hecho de su concreción,
ya que existen manipulaciones abiertamente contrarias a los intereses del
hombre (aunque favorables a los de algunos hombres). Por este motivo no
deben ser llevadas a cabo, so pena de entregar la dignidad humana incluso
a cambio de algo tan vacío e inconsistente que se agote su interés en el
momento siguiente a su realización. Sirva como ejemplo los intentos de conseguir
embriones mixtos (quimeras) entre el hombre y especies animales. Las objeciones
ante determinadas técnicas son así actos de explícita humanidad, no obstáculos
a un progreso que ni los que lo tienen permanentemente en la boca serían
capaces de definir con un mínimo de coherencia.