LOS PRINCIPIOS BIOÉTICOS
Finalizábamos la primera editorial de ACEB haciendo referencia a que la bioética general, especial y clínica quedan unidas por un hilo conductor común: la adopción de modelos y principios racionalmente válidos y por los valores de referencia de los que partimos que son: el valor fundamental de la vida y el valor trascendente de la persona.
En nuestros días, el valor trascendente de la persona sería negado por muchos profesionales, siendo el aspecto que presenta mayores dificultades en el momento de llegar a acuerdos comunes, pero sí que habría consenso, en cuanto al valor fundamental de la vida. Dice N. Blázquez al respecto: "Antes que militantes políticos, juristas o creyentes en Dios, somos personas humanas todos por un igual con un bien común universal, que es la vida de cada uno de nosotros. Un humanismo se hace sospechoso en la misma medida en que se pierde el respeto a ese valor radical que es la vida concreta de cada individuo". Una de las características de nuestra sociedad es el pluralismo moral. Desde los últimos treinta años se ha perdido la uniformidad en las creencias religiosas. Convivimos en los hospitales y en todo lugar de trabajo, agnósticos, creyentes y ateos, todos amparados bajo la libertad de conciencia, conviviendo bajo diferentes códigos morales. ¿Qué hace posible esta convivencia, este acuerdo?: la existencia de unos principios de validez universal en el campo de las Ciencias de la Salud en que existe un acuerdo y un consenso aceptado por las diferentes concepciones sobre la vida y los valores de referencia, asumidos por cada persona, como propios. Estos puntos comunes de acuerdo son los principios bioéticos y que vamos a tratar en esta editorial.
Las fuentes de donde surgen estos acuerdos son: El Código de Nüremberg (1948) que fue el primer protocolo de la historia sobre ética en la investigación en humanos, y el Informe Belmont (1978) que surge de una comisión encargada por el Congreso Norteamericano para elaborar una guía a cerca de los criterios éticos que debían guiar la investigación en personas. Estos principios que se han hecho extensivo a toda la bioética y son: el principio de beneficiencia, el principio de autonomía y el principio de justicia.
Estos principios éticos, principios prima facie, tienen carácter absoluto y son percibidos por el sujeto moral como obligatorios, sirviendo de marco básico y lenguaje común para analizar y resolver los conflictos éticos en el ámbito sanitario.
El principio de beneficiencia compromete a buscar beneficios, suprimiendo los perjuicios. D. Gracia dice al respecto:" Para esto se inicia la relación (médico-paciente), que consiste siempre, de una forma u otra, en una negociación entre la autonomía del paciente y la beneficiencia por parte del médico, en busca del óptimo posible en cada situación concreta". El principio de no maleficencia, "primum non nocere" se asocia al principio de beneficiencia y en el ámbito sanitario obliga al empeño en la formación teórica y práctica del ejercicio profesional y en la mejora de los medios diagnósticos y terapéuticos.
El principio de autonomía o principio de respeto a la autonomía del paciente tiene diversas implicaciones:
- Dar al paciente la información relevante para que pueda tomar decisiones. - Facilitar la comunicación, utilizando lenguaje comprensible. Querer escuchar con ánimo de comprender. - No engañar sobre el diagnóstico y pronóstico, a menos que el paciente solicite lo contrario. No sus familiares. - Ofrecer las diferentes opciones terapéuticas. - Respetar la confidencialidad, así como los compromisos contraídos con el paciente.
Este principio se exceptúa en pacientes con disminución transitoria de su autonomía y en pacientes con incapacidad de autogobierno. Es necesario recordar que el procedimiento por el que una persona cambia del estado civil de capaz , que es el normal, al de incapaz es siempre por vía judicial.
El principio de justicia hace referencia a la igualdad de todo ser humano, siendo la desigualdad una realidad, se hace necesario tender a la menor desigualdad. Tiene una referencia clara en la asignación y distribución de los recursos sanitarios.
Hemos hablado de un cierto consenso en estos principios, pero es evidente que desde los distintos marcos se interpretan y priorizan de diferentes formas. Por ejemplo: el principio de beneficiencia que pensamos debe ser el ordenando de toda intervención, es considerado por algunos como " impuesto por la tradición médica" dando lugar a conflictos ante las diferentes concepciones de que parte cada uno a la hora de estimar lo que se considera beneficio o perjuicio. La negación de la naturaleza humana, de una ley natural inscrita en el hombre y de la existencia de valores objetivos hacen difícil el diálogo en bioética, siendo un gran reto para todos los que nos dedicamos a esta disciplina la fundamentación veraz y sólida en el diálogo interdisciplinar y plural.
