EDITORIAL NOVIEMBRE 1999

BUSCANDO LA VERDAD

El concepto de verdad tiene diversos significados: en lógica se opone a contradicción, en epistemología se opone a error, en ontología se opone a falsedad y en ética se opone a mentira. En la filosofía clásica la verdad coincide con aquello que realmente es, coincide con la verdad de una cosa. Siempre que se habla de verdad se habla de un sujeto capaz de conocer y de algo que puede ser objeto de conocimiento. Afirmar que las cosas son verdaderas viene a ser lo mismo que decir que son cognoscibles y Einstein se maravilló por ello afirmando que la inteligibilidad del mundo constituye algo ininteligible, es decir, que es fantástico que la realidad esté organizada de tal manera que la podamos conocer cada vez mejor.

Pero como dice el adagio hipocrático, "ars longa, vita brevis", algo así como decir que es mucho lo que hay por aprender en una vida tan corta. De manera que, a efectos prácticos, los hombres que se han dedicado al estudio a lo largo de la historia no han tenido más remedio que trabajar sobre una parcela de la realidad o contemplar esta con un determinado método de trabajo. De este modo el método filosófico es diferente al método científico. Un estudioso no puede abarcar todo el conocimiento humano, todo el conocimiento de la realidad, por tanto se debe dedicar a una parcela en concreto. Esto ha provocado con el paso del tiempo y el incremento de los conocimientos un distanciamiento cada vez mayor entre las personas que cultivan las diversas áreas del saber.

Pongamos el ejemplo de la medicina: cada vez se requiere una mayor especialización para que los pacientes se beneficien al máximo de los nuevos avances, pero a la vez se lamenta la falta del generalista de antaño que nos veía más como un paciente "entero", una persona sufriente y que conocía a fondo al enfermo e incluso a su entorno. Y como el enfermo es uno, los especialistas deben dialogar entre si para llegar a conocer la situación exacta del paciente y coordinar su labor. Lo mismo ocurre en todos los ámbitos, el biólogo debe hablar con el químico y con el físico para resolver ciertos problemas, el médico tiene que hablar con el psicólogo, el psicólogo con el filósofo y el filósofo acaba hablando con el teólogo.

Conocer la verdad sobre el hombre requiere un gran esfuerzo de diálogo entre múltiples disciplinas, una gran tarea para muchos sabios, pero mientras….¿Qué hace el ciudadano corriente?, ¿cómo conoce la verdad en su quehacer diario?. Alcanzar la verdad es difícil para los sabios, requiere inteligencia, voluntad, humildad, sacrificio, entrega, sinceridad, etc. Toda una serie de aptitudes y virtudes deben estar presentes, generalmente en un ambiente de buenos maestros y buenos discípulos para acercarse al conocimiento de la verdad. Y todo esto no suele estar al alcance del común de los mortales. Ya en el colegio se ve que unos son más listos que otros, unos tienen interés por aprender y otros no.

Por tanto, ¿acaso la verdad es el privilegio de unos pocos?, ¿qué oportunidad tiene el hombre de una visión del mundo que le oriente en su andadura por la vida? A lo largo de la historia y de las culturas, la sociedades se han guiado por una cosmovisión común, un conjunto de creencias, unas reglas del juego vital, según las cuales se movía esa sociedad. En muchos casos este aglutinante era la religión. Un sistema en el que se cree sin esperar demostración, pero que satisface plenamente al individuo y ordena la sociedad, al alcance de todos.

Cuando en una sociedad se han juntado diversos sistemas culturales o el sistema cultural se ha desintegrado….ha nacido la bioética, para fundamentar antropológicamente unos principios y valores universalmente válidos que correspondan a la verdad sobre el hombre y su entorno.

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