Introducción
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1. Un caso clínico en TVLa Bioética está más divulgada de lo que parece. Pero se abusa del caso límite, es decir, de situaciones en que la razón y el corazón se oponen, dejando perplejo a quien no tenga bien estudiado un asunto. Tomemos un ejemplo de la serie televisiva "E. R." (Emergency Room, en España "Urgencias"). Por su combinación de realismo duro, sensibilidad y sentidocomún, Urgencias es uno de los seriales mejor vendidos del mundo. La gente se sigue interesando -en todas partes- por lo que le pasa a la otra gente. Lo redactaré libremente:
Superada la crisis, queda ingresada en observación. El médico manifiesta su satisfacción: "Estaba más muerta que viva y la hemos sacado adelante". Al poco aparece la representante de la compañía de seguros que debe abonar los gastos de la anciana. Está indignada y arremete contra el médico: le acusa de actuar irreflexivamente, pues su cliente tiene firmado un documento de voluntades anticipadas con órdenes de no-resucitación. Es decir: en caso de parada cardiaca no desea ser reanimada. Dada su edad y su deterioro podría considerarse fútil el empeño terapéutico. A la anciana se le explicó así y asintió firmando un documento que se halla ahora en poder de la compañía aseguradora. El médico se defiende: cumplió con su deber y cualquier médico estaría satisfecho a la vista del resultado inmediato. La evolución posterior de la enferma ya se verá. Sin embargo, la compañía de seguros no va a pagar la hospitalización, replica la representante: nada le obliga. En realidad "esta mujer hace tiempo que debería estar muerta", exclama en su acaloramiento. Según cálculos de la empresa, ha gastado en médicos más de lo razonable, dada su edad y su estado de salud. Además está lo de las órdenes de no-resucitación. El médico busca el apoyo de la Jefa del Servicio; pero ésta no se compromete: "Tú has creado el problema al hospital. Tú tienes que resolverlo". Sintiéndose presionado y sabiendo que su empleo peligra, el médico cede finalmente. Asistimos a la escena cumbre: acompañado por una enfermera en la que encuentra comprensión y afecto, desconecta el respirador. Hay unos minutos de inquietud: la anciana respira por sí misma, el monitor señala un ritmo cardíaco normal. De pronto las pulsaciones se aceleran y enseguida desciende la frecuencia, hasta que un trazado plano en el monitor, acompañado de una ruidosa alarma señala el cese del latido cardíaco Ambos contemplan morir. El médico comenta: "Dulcemente, tal como ella quería " Por la noche, en la intimidad de su apartamento, con la enfermera amiga, el joven no puede disimular su duda e insatisfacción: "¿He hecho bien?" Es un caso de eutanasia, es decir, de muerte provocada por el médico por piedad o para evitar lo que se estima un mal mayor. En este caso se podría hablar de un "bien menor", la recuperación de la salud por parte de una persona anciana y deteriorada que ha expresado -por escrito- su acuerdo con la abstención de intervenir en caso de una crisis aguda, que acarrearía la muerte por sí sola. Pero lo firmado por la anciana era una cosa, y lo que se ha hecho es otra. Pidió que se la dejara morir, y se la ha matado. No es lo mismo. Las órdenes de no-resucitación dicen algo así: "si no es posible curarme y me estoy muriendo, no actúen para impedirlo". Lo llevado a cabo, en uso de aquel documento, fue otra cosa: no es posible curarla (ni puede pagar), y no se está muriendo, luego actuamos para que muera. La anciana firmó una orden de no-intervención, que se ha convertido en una orden de ejecución. Todo parece legal. Pero ¿ha sido moral? La diferencia entre no actuar y actuar -en nuestro caso "dejar morir" o "matar"-, es importante. Pero el espectador que vea el episodio tras un día de trabajo, ¿tendrá tiempo y acierto para descubrir esa distinción de conceptos? Si no la conocía ya, el episodio televisivo actuará relajando su rechazo al homicidio. Se verá involucrado en una discusión que no esperaba: -
Está claro que el homicidio no es bueno, y a primera vista (o prima
facie) no se puede admitir nunca. Sin embargo, hay casos especiales. El relativismo se infiltrará en la conciencia del telespectador, como cosa ligada a los buenos sentimientos y a la sensatez. Se trata -pensará alguno-, de tener en cuenta la realidad concreta. Además, el papel de las simpatías y aversiones es importante. Tratándose de una serie televisiva que lucha por mantener su audiencia, es "lo más importante". El joven doctor era un protagonista de la serie, un rostro conocido y lo mismo la jefa del servicio. Así, pues, el valor de la vida ha sido relativizado, se ha abierto la puerta a la eutanasia. Nadie la aprueba, pero ¿quién no la toleraría? A la vista del caso, uno se pregunta por los principios. ¿Qué ha sido de ellos? Los principios éticos siguen vigentes, pero sólo si no chocan con los sentimientos o circunstancias del caso; cuando colisionan, más vale que cedan. De este modo tenemos que los principios prima facie son unas cuantas consideraciones oportunas para el planteamiento y solución relativista de un caso. Valía la pena recordar este episodio de TV porque reúne en poco espacio la mayor parte de características de la Bioética actual. Intentemos enumerar esas características: 1.
Se propone la cuestión ética de un conflicto entre técnica
y vida humana.
6.
Los tres imperativos lo son sólo a primera vista (prima facie).
En este caso entran en conflicto, de modo que el "caso" consiste
precisamente en decidir cuál de ellos prevalece. Concluyamos. Salta a la vista que la Bioética es un menester interdisciplinario, considera a la vez la técnica y la ética. Tan relevante es en Bioética lo que dice la ciencia como lo que diga la conciencia, la filosofía, el derecho, la política, los medios de comunicación y la opinión pública. Sin embargo, al final se debe formular alguna solución, y ésta podrá ser verdadera o falsa, o mejor: correcta o incorrecta. Una
forma frecuentísima de plantear y resolver este tipo de cuestiones
es la relativista. Suele acompañar al planteamiento de casos límite
sin preparación previa y con énfasis en aspectos emocionales. Si
el relativismo tuviera la última palabra, la distinción
entre lo lícito y lo ilícito sería fluctuante, nunca
podría aspirar a ser "verdadera", ya que dependería
del caso y del estado de ánimo de los asistentes. Se debería
proceder a un recuento de votos, pero sin garantía de que hoy fuera
a resultar lo mismo que ayer, ni lo mismo que mañana. Si el relativismo tuviera la última palabra, ninguna palabra sería última, es decir, absolutamente seria. Si el relativismo fuera verdad, la Bioética no lo sería; aspiraría a ser solamente una forma de hablar, un tipo de discurso o metodología. 2. La Bioética, un nuevo conceptoLas ciencias nos tienen acostumbrados a la precariedad; lo que hace unas décadas se consideraba la ciencia, hoy en día se ve como un modelo, una manera de mirar las cosas que fue útil pero hoy ha quedado anticuada. En las ciencias de la naturaleza la certeza es provisional. Seguramente es esto lo que sugiere la idea de una nueva ética. Ante las posibilidades de unas ciencias nuevas, de unas técnicas nuevas, ¿no es lógico pensar en una moralidad "nueva"? Ahora, ¿estamos seguros de que se pueda tratar la ética del mismo modo que la técnica?; ¿podemos pensarlas como realidades homogéneas, conmensurables? No, si lo fueran la Bioética no sería necesaria. Si la ética y la técnica fueran homogéneas, con una bastaría. Las reglas del buen hacer, las reglas del técnico, serían las reglas morales. Es precisamente esa inconmensurabilidad lo que echa leña al fuego. A veces lo más rentable es lo inmoral y lo técnicamente más fácil o eficaz, lo inhumano. Las razones del dinero, del poder y de la técnica no siempre coinciden con la ética. Comencemos describiendo lo que la Bioética "no es". Lo que actualmente se entiende por Bioética no es la ética médica tradicional. No es la ética hipocrática, ni la ética cristiana. Tampoco es una ética "nueva", ni una nueva ciencia. No es una nueva ciencia, porque más bien consiste en una diversidad de ciencias. Afronta problemas parcialmente nuevos, como los relativos a la investigación con seres humanos, la nueva genética, la procreación artificial, etc., pero los recursos con que se abordan esas cuestiones no son nuevos, son teorías discutidas por los filósofos desde hace siglos. La Bioética es un campo de investigaciones interdisciplinario y universalista. El universalismo de la Bioética tiene que ver con su empeño principal, a saber, la limitación de la técnica. En la pregunta por la moralidad de las aplicaciones técnicas y en la comprobación de su carácter "neutro", ¿no está ya implícita la apelación a una razón más alta? Si la técnica es moralmente neutra, las razones de la acción y de la abstención no pueden ser solamente técnicas; más aún, las razones técnicas deben supeditarse a razones éticas. S.
Fernández Burillo
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