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ASSOCIACIÓ
CATALANA D'ESTUDIS BIOÈTICS
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El deseo de "morir con dignidad" se ha ido convirtiendo cada vez más en una frase hecha. Una elegante forma de decir detrás de la cual se esconde un programa técnico y económico basado en el cálculo de costes y beneficios que, con apariencia de lenguaje humanístico, se pretende presentar como una forma radical de realización personal que va desde el nacimiento hasta la muerte. Sin embargo la práctica contradice tan noble intención. El Dr. Jack Kevorkian, más conocido como Dr. Muerte, lo mostró en Estados Unidos por televisión con su propaganda de ayuda activa al suicidio. Sin querer dudar de la buena intención de base, la politización de la eutanasia amenaza la regulación más elemental de la vida y, al fijar el momento preciso de la muerte, pretende situar la eutanasia en línea con cierta forma de pensar a la que ya nos hemos acostumbrado en el día a día. El excesivo envejecimiento presenta de forma apremiante a la sociedad la tentación de extender los criterios de economización hasta a la propia muerte. Las iniciativas para "una muerte digna" corresponden directamente en mayor o menor medida a esta pretensión. El programa que pretende poner por obra esta forma de entender al que sufre es reivindicado como un derecho y amenaza con transformarse de humanismo en barbarie. Se hallan en la base de esta apreciación la desorientación de nuestra sociedad en lo referente a las nociones de muerte, muerte natural, prolongación artificial de la vida, sedación preterminal y cuidados paliativos, así como la negación y ausencia de aceptación de la muerte. Ésta corre peligro de ser sometida a criterios puramente económicos y completamente atenuada. El resultado es el rechazo de la compasión, el ocultamiento de la muerte en instituciones de todo tipo y la soledad inhumana de los moribundos. Nuestra propuesta desea sacudir la modorra de los conciudadanos, asociaciones, empleados y profesionales de nuestro país para que sean conscientes de que el deseo que algunos quizás manifiesten de acabar por sí mismos con su vida es una señal de alarma que nos indica que en la sociedad ha tomado cuerpo un proceso real de destrucción de la solidaridad: una persona que sufre no encuentra ya en su camino a alguien que quiera acompañarle en su sufrimiento, y por ello mismo prefiere "despedirse". Se trata de una petición de ayuda y nunca puede ser tomada como simple deseo de ejercer un supuesto derecho a la autodeterminación. La verdadera compasión sólo puede enfrentarse a esta desesperación por medio del amor y el afecto por parte del entorno inmediato. Animamos a nuestros conciudadanos, asociaciones, profesionales, empleados e instancias políticas de nuestro país a buscar soluciones de forma intensiva y a ponerlas en práctica donde sea necesario con todos los medios al alcance, en el marco de las regulaciones legales existentes. El rechazo de la autorización para matar a petición responde también en buena medida al hecho de que con ello -como muestra la experiencia holandesa- se precipita el proceso para terminar dando muerte contra la voluntad del propio paciente. La eliminación a la vez del sufrimiento y del que sufre no puede nunca ser considerado como humanitario y repetuoso con la dignidad humana. En ese contexto, permitir que se diera muerte a demanda sería la declaración de bancarrota de una sociedad llamada a ser solidaria. |
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ASSOCIACIÓ CATALANA D'ESTUDIS BIOČTICS (ACEB)
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