LA CLONACIÓN TERAPÉUTICA.
Agosto de 2000

El Instituto Roslin de Edimburgo e Ian Wilmut "el papá de la oveja Dolly" a su cabeza son los promotores de una iniciativa que solicita la autorización por ley de la clonación de embriones humanos para la investigación. Cuando saltó a la prensa la noticia de la existencia de una oveja clónica ya adulta se abrió el debate de la clonación de seres humanos, que fue rechazada por ley en muchos países, salvo en Inglaterra lógicamente. En la actualidad, los autores de la oveja Dolly solicitan poder crear embriones humanos para obtener los beneficios de sus células indeferenciadas abriendo un profundo debate ético, social y científico sobre el hecho que está en juego: permitir la clonación de embriones humanos para investigar (que comporta su destrucción) y utilizar sus células para curar a otros enfermos.

Muchos aspectos se solapan y entran en cuestión sobre este acontecimiento: el avance científico que debería buscar aquellas líneas de investigación para curar acordes con principios éticos universales de respeto a todo ser humano; la primacía de cada ser humano sobre los intereses económicos de la nueva industria biotecnológica y las falsas expectativas a personas enfermas de una aplicación inmediata ofreciendo tratamientos de momento inviables. Los beneficios de tanta promesa los está recibiendo más Wall Street que los propios pacientes.

Ahora bien, el dilema más profundo y las diferencias entre partidarios y detractores de la clonación terapéutica está en qué es el embrión y que protección merece. Es ésta la cuestión clave de este debate que quiere ser científico y legal. El principio del que parte Ian Wilmut (La Vanguardia 31/08/00) es de una discriminación de los seres humanos en base a su tiempo de desarrollo y por la ausencia del sistema nervioso: un embrión vale menos que un feto, un feto menos que un niño y un niño menos que un adulto, pues pide que los embriones "sirvan" para curar a éstos.

Debemos poner en duda esta afirmación pues no existe persona humana sobre nuestro maravilloso mundo que no haya pasado por esta fase de desarrollo. Las leyes biológicas así lo confirman y toda razón desinteresada es capaz de descubrir.

 

 

 

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