La
eutanasia no resuelve los problemas del enfermo, acaba con él
Noviembre 2000
Barcelona, 29 de noviembre de 2000.- “La eutanasia no resuelve los problemas
del enfermo, sino que destruye a la persona que tiene esos problemas, acaba
en definitiva, con el enfermo” ha manifestado Isabel Viladomiu, Presidenta
de l’Associació Catalana d’Estudis Bioètics
ante la legalización de la eutanasia en Holanda. “Presentar la eutanasia
como la defensa de una muerte digna es falso, la eutanasia significa el
homicidio legal del enfermo”.
No existe un derecho a ser matado por otro hombre, bajo ninguna circunstancia.
La despenalización de los actos contra la vida enferma, por la que Holanda
ha optado equivocadamente, aumenta notablemente las condiciones sociales
de delito de los más vulnerables que son los enfermos.
La Associació Catalana d’Estudis Boiètics pide, a la sociedad en general
y a los poderes políticos en particular, que apuesten por la Medicina Paliativa
como medio para ayudar a los pacientes a soportar mejor las enfermedades
que padecen, en definitiva, ser tratados eficazmente del dolor, tener la
ayuda necesaria y no ser abandonados por el médico y el equipo sanitario
cuando la enfermedad sea incurable. Para Viladomiu, “el acuerdo social debería
dirigirse hacía esta postura ante la muerte y denegar el pacto silencioso
y antidemocráctico del homicidio legal del enfermo”.
La eutanasia rompe la noble relación de confianza entre el médico y el enfermo.
Si el médico tiene la posibilidad de matarlo, bajo el amparo de la ley,
la vida enferma perderá el valor que le corresponde. El médico llegará a
razonar que la vida de ciertos pacientes incapaces de decidir es tan carente
de calidad, tiene tan alto costo, que no merecen ser vividas.
“Qué confianza voy a tener yo como anciano enfermo hacia mi médico que sé
que está realizando eutanasias. Es imposible que confíe en él cuando sé
que está acabando con la vida de otras personas, cuando su deber es, precisamente,
el contrario: salvar vidas” ha explicado Viladomiu.
Un verdadero progreso político, civil y médico vendría por el respeto a
toda persona humana en el final de su vida poniendo al servicio de cada
enfermo todos los medios técnicos actuales para controlar su dolor, los
síntomas de la enfermedad y acompañándolo en el acto de morir. Podemos y
debemos potenciar el camino de respeto iniciado por el Programa de Curas
Paliativas en el que subyace una concepción del valor intrínseco de la persona
enferma.
El Programa de Curas Paliativas, por el que se debe apostar, consiste enser
tratados eficazmente del dolor, tener la ayuda necesaria y no ser abandonados
por el médico y el equipo sanitario cuando la enfermedad sea incurable.
Ser informados adecuadamente sobre la enfermedad, el pronóstico y los tratamientos
que dispone la medicina. Que nos expliquen los datos en un lenguaje comprensible,
y participar en las decisiones sobre lo que se nos va a hacer. Recibir un
trato respetuoso; que se nos permita en el hospital estar acompañados de
la familia y los amigos sin otras restricciones que las necesarias para
la buena evolución de la enfermedad y el buen funcionamiento del hospital.
Todos queremos una buena muerte sin que artificialmente nos alarguen la
agonía, ni nos apliquen una tecnología o unos medios desproporcionados a
la enfermedad.
