En torno a los juegos de palabras
A propósito de un artículo de La Vanguardia, de un Editorial de la revista Nature y del Fraude de Seúl

El reto de la honestidad científica

No se puede sustituir la palabra embrión por pseudoembrión, sólo para evitar un debate abierto sobre el estatuto del embrión humano

La clonación humana está de actualidad. De ella trataba La Vanguardia no hace mucho en un artículo titulado “El reto de la clonación”. Firmaba el texto la bióloga Anna Veiga, Jefe de la Sección de Biología del Servicio de Medicina de la Reproducción del Institut Universitari Dexeus. La autora defendía las bondades que puede tener una de las técnicas de clonación para fines terapéuticos: aquella en la que puede obtenerse un embrión sin pasar por la fecundación, sustituyendo el material genético de un óvulo por el de una célula del individuo que se pretende clonar. Se trata de la misma técnica que se utilizó para clonar a la oveja Dolly, como ella misma recuerda. En su opinión, el producto resultante no sería un embrión, que desarrollado dé lugar a un clon de la persona de la que procede el material genético que se ha introducido (si bien una copia imperfecta, ya que no comparte su ADN mitocondrial con el modelo original); más bien, argumenta la bióloga, estamos ante un pseudoembrión, del que se podrán extraer sin reparos éticos células madre que ayuden al avance científico: “la obtención de un pseudoembrión de cinco o seis días se utiliza no para conseguir un individuo clónico sino para la creación de las células madre”. Es decir: clonar, bajo estas condiciones, sería algo inocuo desde el punto de vista ético y beneficioso desde una perspectiva científica. Para no levantar suspicacias, consciente del impacto cultural que esta palabra –¡clonar!- sigue generando en la opinión pública, sugiere un cambio de terminología: eliminar el término clonación terapéutica y definir esto con el nombre de “transferencia nuclear”. Pero, por si este alambicado juego de palabras no convenciera a todos, la doctora en biología hace un canto a favor de una “información imparcial y objetiva” que debe estar “bien proporcionada por profesionales preparados”, apelando de algún modo al argumento de autoridad - la suya - para hablar de estas cuestiones.

Efectivamente, esta imparcialidad de la información es hoy más necesaria que nunca para que la sociedad pueda debatir temas en libertad y con todos los elementos necesarios encima de la mesa. Más, si cabe, ante los debates éticos que plantean los avances tecnológicos en la medicina. En el caso que nos ocupa, me gustaría aportar algunos elementos que sorprendentemente -por motivos que desconozco, si bien respeto- han pasado desapercibidos para la doctora Veiga.

Un primer elemento: sorprende que la autora haya omitido la pregunta básica respecto a la clonación en humanos: ¿el embrión es o no un ser humano? ¿es un ser que pertenece a nuestra especie? y, por consiguiente, ¿merece algún tipo de protección frente a lo que algunos llaman nueva utopía biotecnológica, la clonación? ¿justifican unos inciertos beneficios futuros la fabricación/destrucción de embriones de laboratorio?

Pero esta empresa está lejos de reportar terapia alguna, y los científicos se daban cuenta de que la palabra “clonación” originaba preocupación social. De modo que decidieron adoptar un término más técnico, que despertara menos emociones fuertes. Ese cambio de etiqueta logró al menos sofocar la alarma que rodeaba a la clonación terapéutica.

Sin embargo, en la clonación - y por tanto en la clonación por transferencia nuclear - lo problemático no depende del nombre que se dé al producto que de ella resulta, sino que el problema reside en la realidad con la que nos encontramos después de aplicar la técnica. En el caso del experimento de Wilmut, se trataba de un ser originario elemental - un embrión - que en poco tiempo evolucionó a feto de oveja, después a oveja joven y finalmente a oveja adulta. Fue Dolly. El proceso es el mismo para cada especie en la que se ha ensayado la clonación por transferencia nuclear. Para la especie humana, el resultado de la clonación no podría ser otro que la producción de un ser humano elemental. Un ser que si no se transforma después en feto y más tarde en niño y adulto es debido a que no se lo permitimos. O bien a que se aborte espontáneamente. En cualquier caso, se trataría de un individuo de la especie humana, con una dotación cromosómica propia y típica: un embrión en sus primeras fases.

Y aquí surge la gran cuestión: si de esta técnica resulta un ser humano, es legítimo preguntarnos porqué este ser no debe gozar de la dignidad que reconocemos como propia a todo ser humano. Porque si le reconocemos esta dignidad, seguramente la mayor parte de la sociedad –ni que sea por pura reacción de autodefensa- rechazaría tales experimentos. Y, si por el contrario al ser que resulta de la clonación no se le reconoce como embrión –contra el parecer de los científicos de mayor prestigio - entonces ya no es necesaria una explicación que vaya más allá de un alambicado juego de palabras. Este es el reto: el de la honestidad científica.

Por el momento, que de una clonación por transferencia nuclear deberá resultar un embrión lo afirman incluso otros partidarios de esta técnica. ES el caso de John Gearhart, codescubridor de las células madre embrionarias (CME). De hecho, el término “pseudoembrión” es - desde el punto de vista científico - sencillamente falso. Se encuentra en contextos no médicos, tal como ocurre también con el término “preembrión”, el cual ha sido rechazado unánimemente por los embriólogos humanos, incluidos los de más prestigio. El término pseudoembrión es tan sólo una ficción lingüística que ni figura en un diccionario general ni se halla en los diccionarios médicos. El uso de esta palabra no sirve en absoluto para resolver el problema de la clonación humana. Simplemente, intenta eliminar el dilema ético negándolo.

De la clonación humana por transferencia nuclear resulta, pues, un embrión. De ello no cabe la menor duda. Sin embargo, la pretensión de haber hecho realidad la clonación humana ¿es cierta? Porque de no ser así, de no ser cierto que la técnica denominada "transferencia nuclear" haya logrado una auténtica clonación de un ser humano, entonces ciertamente no resulta de ella un embrión humano, ni tampoco un embrión, ni siquiera un ser individual capaz de desarrollo alguno. Entonces, las cábalas de la Dra. Veiga no tienen sentido alguno, ni lo tiene tampoco la pretensión de haber conseguido por transferencia nuclear células madre idénticas al modelo.

En las últimas semanas del año 2005 se han multiplicado los datos fidedignos, las declaraciones de los propios implicados y las investigaciones científicas que han demostrado de forma terminante (1) que la pretensión de haber clonado embriones humanos que Hwang y otros publicaran en la revista Science no fue más que una manipulación y un engaño, (2) y el anuncio de haber obtenido células madre de embriones clonados tomando como modelo a enfermos que podrían llegar algún día a beneficiarse de ellas, una gran farsa (3). Por tanto, al parecer podemos afirmar que la primera clonación humana no se ha producido aún. En realidad, la primera clonación humana no parece probable que ocurra en mucho tiempo. De hecho, se sabe que la relativa facilidad con que pueden clonarse ciertos mamíferos (como la oveja Dolly) se transforma en dificultad - en un problema hoy en día técnicamente insalvable - cuando lo que se trata de clonar es un primate. El hecho es que en los seres más evolucionados de la escala animal el proceso de reprogramación genética - un paso obligado para obtener un embrión de la misma especie por clonación - es de una complejidad enorme y se halla hoy día muy lejos de nuestras posibilidades técnicas.(4)

Un segundo elemento necesario para obtener una información “imparcial y objetiva” consiste en conocer otras vías que la investigación en medicina regenerativa ha abierto para hallar remedio a enfermedades como el Alzheimer o la diabetes; unas vías en las que, por un lado, no se dan estos problemas éticos y, por otro ya permite hoy entrever resultados esperanzadores. Me refiero a las células madre adultas y de cordón umbilical. Éstas células madre no son embrionarias, no proceden de la destrucción o mutilación de embriones humanos y, por otra parte, su obtención no precisa de óvulos humanos. Sin embargo, en orden a la obtención de resultados resultan probablemente más eficaces que las células madre embrionarias. Tampoco se pueden ignorar las declaraciones de los máximos promotores de las CME poniendo en duda la utilidad futura de estas células para la terapéutica humana.

Si se desea ser equanime no se puede obviar tampoco el trato indigno al que se somete a la mujer cuando se le ofrece dinero a cambio de sus óvulos. Más aún si se tiene en cuenta que para las investigaciones se requiere gran cantidad de ellos, sometiéndose a la mujer a una hiperestimulación hormonal para obtenerlos, un "tratamiento" que tiene sus peligros. Se abre con ello el camino a la explotación de aquellas mujeres que poseen menos medios. También en este terreno se actuó con engaño en la pretendida clonación humana.(5)

No se trata de condenar o exaltar nada, pero sí de considerar todos los puntos de vista y todas las posibilidades de actuación. Del mismo modo, en aras a la transparencia del debate, también seria oportuno mencionar los enormes intereses en juego, el peligro de que - para no poner en riesgo sus inversiones - las grandes multinacionales de la biotecnología intenten disfrazar el verdadero problema ético que supone la clonación humana.

Sin pretender ser alarmistas, se trata de ser rigurosos para afrontar el reto de la honestidad científica: atenerse a la realidad de las cosas y mantener un debate independiente, en el que las posiciones puedan ser valoradas no tanto por quien las apadrine, sino por su validez científica. Cambiar alegremente de nombre a la clonación terapéutica –idéntica a la reproductiva, aunque diferente en su finalidad– por “transferencia nuclear”, y dar a la nueva realidad que se pretende obtener el nombre de pseudoembrión en lugar de embrión, parece responder más a un interés en que la sociedad acepte sin dolores de conciencia algunos experimentos, que no a la voluntad de reflejar honestamente la realidad de las cosas.

Dr. Joan Vidal-Bota
Doctor en Medicina
Vocal del Comitè Consultiu de Bioètica de Catalunya
Presidente de l'Associació Catalana d'Estudis Bioètics

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REFERENCIAS:

  1. A key stem-cell finding was faked, Korean co-author claims. International Herald Tribune. Jueves, 15 de Diciembre de 2005 http://www.iht.com/articles/2005/12/15/news/clone.php (volver)
  2. Científicos de Corea del Sur y Norteamérica pretenden haber clonado embriones humanos por vez primera. Análisis de la noticia (2004). (volver)
  3. Clonar embriones humanos. Asociació Catalana d'Estudis Bioètics (2005) (volver)
  4. (pdf - 245 KB) Investigación con células madre embrionarias: Racionalidad científica y alternativas. López Moratalla N. V Congreso Nacional de Bioética. Málaga, 2-12-2005 (volver)
  5. Eggs vs Ethics in Stem Cell Debate. Galpern & Darnovsky. The Nation. November 29, 2005 (volver)

 

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