ASSOCIACIÓ
CATALANA D'ESTUDIS BIOÈTICS
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ary Warnock nació en 1924 en Winchester, estudió en Oxford y ha llevado a cabo una vida académica de éxito. Dirigió un college femenino en Cambridge y una escuela secundaria en Oxford, al tiempo que enseñaba filosofía. Tuvo cinco hijos, participó asiduamente en programas de radio y llegó a ser miembro y presidenta de numerosas instituciones y comisiones gubernamentales sobre temas tan diversos como los medios de comunicación (Independent Broadcasting Authority, 1973-83), el arte y el patrimonio británico (Royal Opera House), la educación, el medio ambiente, la experimentación con animales, premios literarios y, por fin, fecundación artificial la embriología humana (1982-84). Su dedicación y habilidades sociales fueron recompensadas en 1985 con el título nobiliario vitalicio de Baronesa de Weeke. Se jubiló de la docencia en 1991. A sus 80 años sigue impartiendo conferencias, como profesora invitada y acude regularmente a la Casa de los Lores.
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Warnock debe su popularidad a la enorme importancia intrínseca de los problemas bioéticos y al interés con que éstos son seguidos por la prensa. Como la prensa, su pensamiento filosófico no es profundo, pero sí actual. Se ha llegado a decir de ella que “probablemente” sea la “mujer filósofa más famosa de la Gran Bretaña hoy”. Su fama descansa sobre una actividad constante y una tenacidad suave. Combina el respeto a las instituciones con el perpetuo atrevimiento para traspasar los límites de la tradición social y moral. Sus manifestaciones públicas son recogidas por los medios y repetidas por todo el planeta. Así, por ejemplo, sus opiniones a favor de la regulación legal de la eutanasia (desde 1998), o su crítica suave pero de fondo al Príncipe Carlos, cuando éste se manifestó a favor del respeto a la “naturaleza”, en sentido ecológico y ambiguo. En 2002 expresó su simpatía hacia la idea de clonación humana reproductiva, y aunque en tono moderado no se abstiene de censurar a las autoridades legislativas su “miedo a la ciencia”.
Las publicaciones de Mary Warnock son numerosas, especialmente en filosofía moral, algunas traducidas al castellano. Su último libro de memorias (A Memoir: People and Places, 2000) pinta una época, a través del ambiente académico británico, del que emergen figuras de gran categoría intelectual, como Ludwig Wittgenstein (cuyo eco resonaba en el Oxford de sus años universitarios) y Elizabeth Anscombe. Aunque la mayoría de esas figuras no son sabios, sino eruditos que aman las formalidades sociales y las compatibilizan con el vanguardismo de la revolución sexual (semiprivada). En los escritos de Warnock se advierte en seguida su aversión a la metafísica y a la filosofía teórica en general, así como hacia Margaret Thatcher y la literatura de ideas; su filósofo predilecto es David Hume. Expone con claridad el pensamiento ético de Stuart Mill, Kant y Aristóteles; le desagrada el fondo especulativo de Platón, Spinoza y Sartre, y nunca menciona a Hegel. Ante el relativismo y el escepticismo, en su versión postmoderna, se muestra bien informada y severa. Su instintivo disgusto de la metafísica le hace percibir en Nietzsche y Heidegger las dos mayores amenazas a lo que ella quisiera salvar de la tradición occidental; los hermeneutas y “deconstructores” recientes (Derrida, Rorty, Cupitt) han ejercido un influjo indirecto pero hondo en la clase docente inglesa, dice, convirtiéndola en un colectivo de irresponsables que enseñan el escepticismo universal sin darse cuenta de ello. El cinismo se ha apoderado de la enseñanza, transmitiendo una visión de la vida deprimente. El cinismo multiculturalista postmoderno es la causa ?considera ella? del retorno al fundamentalismo fanático, especialmente el religioso.
Warnock ama la simpatía y la imaginación, profesa un escepticismo metódico, “académico” como Hume, y es como él ?en el fondo? conservadora. Ella añora la ética de la virtud y la formación del carácter de Aristóteles, a quien recurre con aprecio y respeto. Pero, a diferencia de Geach, Anscombe y McIntyre, que por los afluentes llegaron al río de la tradición intelectual occidental, y del río salieron al mar de la metafísica, Warnock no ha descubierto el mar abierto de la filosofía ni su hondura. Sus escasas referencias a la unidad sustancial humana, a Tomás de Aquino y la idea de alma racional, son decepcionantes, teñidas de repulsión hacia lo “eclesiástico”, pero filosóficamente desorientadas.
En las páginas que siguen se presenta, expositiva y críticamente, el pensamiento moral de Mary Warnock, expuesto en uno de sus últimos libros (An Intelligent’s Person Guide to Ethics, 1998), aparecido en español en 2002, publicado por “Fondo de Cultura Económica” , bien traducido aunque con un título inepto: Guía ética para personas inteligentes. Este título es un error, seguramente del editor, que conserva el nombre de la colección de bolsillo en que la obra salió originalmente (The Intelligent Person’s Guides).
ASSOCIACIÓ CATALANA D'ESTUDIS BIOÈTICS (ACEB)
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