ASSOCIACIÓ
CATALANA D'ESTUDIS BIOÈTICS
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l segundo capítulo, titulado "El nacimiento",
está dedicado a la ética de la fecundación in vitro
y la manipulación de embriones humanos. Será más
corto ?advierte? porque ya ha tratado la cuestión "de si la
vida humana tiene un valor intrínseco e independiente tanto del
modo de vida que sea como de su duración en el tiempo" (p.
59). Su respuesta es "no". Además está la distinción
entre "moral privada" y "ética o política
pública".
La minimización de la "moral" en beneficio de la ética, que viene a coincidir con el "espíritu de la época" no se había dado antes de Hegel*. Desde entonces se suele dividir la filosofía práctica en moral y ética, como objetos y saberes distintos. Con el paso del tiempo, esa distinción se ha acabado entendiendo como la diferencia entre la moral privada o de convicciones y la pública o de acuerdos sociales, legales y políticos. Esta transformación se ha debido, sobretodo, al utilitarismo anglosajón.
La distinción de moral y ética, en la escuela neopositivista angloamericana, significó la separación de filosofía y vida práctica. La filosofía trata de "ética", se dice, es decir, de una teoría y su lenguaje; mientras que la moral no es ciencia ni teoría, sino costumbres, la vida. En contraste con esta diferenciación, la filosofía aristotélica define la ética como una ciencia teórico-práctica, es decir, un saber teórico cuyo objeto es la actividad práctica, y que se divide en ética general y ética especial. Dentro de esta última caben cuestiones sociales, económicas, laborales y, desde hace poco, las bioéticas. Concluyamos, en suma, que no se puede separar "ética" y "moral", como si fueran dos saberes distintos, sin romper con la filosofía realista.
La ruptura con la filosofía realista equivale a romper con la concepción metafísica del hombre como unidad, una unidad de materia y espíritu. Este ser único y unitario (la "persona") no es la suma del cuerpo y el alma, sino su unidad; es como si el cuerpo fuera la cara externa y el alma la cara interna de una sola realidad, la persona. Pues bien, si se rompe esa unidad en antropología, aparecen visiones parciales del ser personal y de su existencia. Esas visiones "parciales" son tres. 1) El ser humano es sólo un fenómeno histórico, carente de libertad frente a la Ley suprema que gobierna la marcha del tiempo (Hegel y Marx), 2) El hombre es un ser sólo material y movido por intereses sensibles (Empirismo y Utilitarismo), y 3) Es un ser espiritual que actúa éticamente atendiendo sólo a la razón pura (Kant).
Ahora, cuando se rompe la unidad humana, aunque sea en el pensamiento, queda rota la ética como criterio racional de la acción, y tenemos que elegir:
Mary Warnock lamenta la pérdida de sensibilidad moral, como un
mal que apenas es reparable; sólo la educación puede remediarlo,
adelantándose. Por eso se muestra muy contraria al relativismo,
y al pensamiento postmoderno que lo exacerba. Por eso también,
reconoce que la ética individual debe penetrar la moralidad pública;
de manera que las relaciones entre ambas son muy matizadas, advierte,
y muy difíciles. No obstante, las separa y, con ello, hace equilibrios
inverosímiles entre una aspiración que se debe alentar y
unas concesiones que no se pueden negar, dado el carácter de la
sociedad actual. El ejemplo claro de esta situación es su actitud
ante el aborto. En principio, como da por buena la ley británica
que lo regula, no cabe verdadera discusión. Eso es significativo.
La bioética angloamericana es posterior a la legalización
(o despenalización) del aborto y nunca vuelve sobre el asunto,
quedando la defensa del derecho a la vida de los concebidos no nacidos
como asunto casi exclusivo de los grupos "Pro-Life".
ASSOCIACIÓ CATALANA D'ESTUDIS BIOČTICS (ACEB)
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