índice general índice M.Warnock

ASSOCIACIÓ CATALANA D'ESTUDIS BIOÈTICS

Un poco de antropología

Santiago Fernández Burillo

L


a Dra. Warnock
tiene una idea precisa sobre la humanidad, pe
ro no la expone ni discute, la da por supuesta. El lector tiene que esperar hasta la página 148, en un libro de 190 páginas, para encontrar algo de filosofía del hombre. No obstante, tendrá razón si duda de que eso sea filosofía:

"Pocos se atreverían a pensar en la "razón" o en la "volición" como algo separado del mundo físico, como el Espíritu en un Cuerpo Mecánico. Este cambio se ha producido por el desarrollo de un interés bastante notable en la neurofisiología. Nos hemos liberado por fin, creo, del dualismo cartesiano, de acuerdo con el cual la mente se piensa como algo totalmente distinto del cuerpo. Sabemos que pensamos y decidimos con nuestro cerebro y que en este sentido somos como el resto de los animales, sólo que más listos" (p. 148).

El desarrollo de la informática y la neurofisiología, aunadas en el paradigma darwinista es suficiente para explicar qué es el hombre y liberarnos de las dudas de Descartes y de su dualismo de materia y espíritu. Somos sólo materia, la ciencia no supone otra cosa. Pero la libertad existe y, con ella, la ética. Si el hombre no fuera libre, tampoco tendría sentido hablar de bien ni mal, mandar, prohibir ni permitir; si no fuera libre tampoco sería responsable de sus actos, ni tendría sentido describir la existencia humana como una tarea y un proyecto. Ahora bien, los animales, las plantas y los minerales obedecen a leyes físicas fijas, ¿cómo afirmar que el hombre es libre, si sólo es un animal más listo?

René Descartes (1596-1650) introdujo la concepción dualista del ser humano. El dualismo cartesiano hacía del alma un puro espíritu y del cuerpo una máquina. Pero la unión de esas dos "cosas" o sustancias no podía explicarse

Se trata de demostrar que existe la libertad y que tiene sentido la ética en la vida humana. Warnock centra la discusión en el aspecto más "externo" de la libertad: la imprevisibilidad de la conducta libre. A decir verdad, la filosofía nunca ha considerado que ese sea el rasgo específico de la libertad; es más, Karl Jaspers llamó la atención, a principios del siglo XX, sobre la paradoja siguiente: la conducta de una persona que vive habitualmente las exigencias de su conciencia moral es casi totalmente previsible, mientras que la conducta frívola de quien actúa según el sentir momentáneo es la menos previsible. Pero es igual, supongamos que sea la imposibilidad de predecir la conducta el signo externo de la libertad; ahora, dice Warnock, se puede demostrar que la conducta animal es impredecible, luego todos los animales son libres. Este es el asombroso argumento. Es cierto, insiste, que las ciencias suponen que todo efecto tiene una causa determinada y determinante, pero eso sólo vale para las ciencias físicas clásicas; no para la ciencia biológica moderna, ésta lo ha superado:

"Al observar un grupo de jilgueros que sobrevuelan el jardín y se acercan a él dando saltitos y revoloteando de un arbusto a otro, sabemos que está compuesto de numerosos jilgueros, aunque no estamos especialmente dispuestos a distinguir unos de otros. ¿Pensaremos que la conducta de cada uno de ellos está determinada? Bien, probablemente estaremos de acuerdo en que todos ellos buscan la misma cosa, los capullos de las flores o las semillas de los arbustos; y probablemente estaríamos de acuerdo en que los jilgueros heredan genéticamente la capacidad de reconocer el alimento que les gusta. Pero aún queda por preguntarse qué es lo que hace que cada jilguero bata sus alas en un determinado momento, y que otro decida que ya ha tenido bastante y se aleje llevándose consigo al resto de la bandada. Si pensamos en ello, supondremos que hubo percepciones de entrada que atrajeron a los pájaros al jardín y percepciones de entrada que los alejaron de él. Pero, descendiendo a los detalles, ¿era predecible la conducta de cada uno de los jilgueros? (…) Si mi gato entra en el jardín, no se sabrá con antelación a ciencia cierta cuál será el pájaro que lo verá primero y emprenderá el vuelo. Los cerebros de los animales no están dispuestos como los de los ordenadores, sino que cambian a medida que cambian las circunstancias. La diferencia entre el hardware y el software, que es esencial para los ordenadores, no funciona con las criaturas vivientes" (pp. 150-1).

Con el encantador ejemplo de los jilgueros del jardín queda expuesta la idea básica de la autora, a saber, que todos los animales son libres, dado que la conducta de cada uno es imprevisible. El argumento no la pone, sin embargo, del lado de quienes propugnan la extensión de los derechos fundamentales a los animales. "Lo que prueba demasiado, no prueba nada", dice la lógica. Ahora, la conciencia de cada animal ?con los límites que impone la herencia? evoluciona en su relación con el medio, y eso explica que cada uno sea único:

"Así, pues, frente a la teoría física del cerebro, la teoría biológica tiene la ventaja de demostrar que cada ser humano es único. Es verdad que la especie Homo Sapiens ha evolucionado a lo largo de los siglos para alcanzar la posición que ahora tiene, dotado de una conciencia básica al igual que otros animales pero con la capacidad anatómica de articular un lenguaje complejo y variado y un modo de conciencia más elevada que probablemente se desarrolla como el propio lenguaje. Pero cada miembro de la especie desarrolla su propia conciencia del mundo y su propio sistema de valores, limitado únicamente por los genes que ha heredado" (p. 152).

A partir de aquí el optimismo científico de la profesora Warnock se explaya deshaciendo temores. No debemos temer tampoco la ingeniería genética, la libertad no está en peligro: por más que se diseñara un niño, para que heredara caracteres genéticos favorables, eso no atentaría contra su libertad ni su individualidad. Se diría que Jürgen Habermas, que ha limitado su crítica bioética a este punto, no ha entendido los datos del problema, si hubiera leído a su colega británica se daría cuenta de que él mismo está preso de un "antiguo temor: que la ciencia es incompatible con la libertad" (p. 156).

"La conducta de las personas no puede determinarse únicamente por sus genes, sino por la combinación de sus genes y su entorno… Afirmo que la reacción de un individuo a la infinita variedad de estímulos de su entorno es impredecible. No podríamos armar una explicación determinista del futuro de ningún animal vivo. En el caso de los seres humanos, la imposibilidad se basa en el único rasgo distintivo de los seres humanos: su imaginación" (p. 155)

Warnock atribuye a la imaginación todo lo que Aristóteles atribuyó a la facultad inmaterial a la que ella sirve, es decir, a la razón. Según nuestra autora, a la imaginación deben los humanos la capacidad de comprender el tiempo, pasado y futuro, desde el presente de la conciencia, "de hacerse una idea de sí mismos, del universo en su conjunto y del lugar que les gustaría representar en él" (p. 155). Gracias a la imaginación nos fijamos objetivos y somos capaces de empatía con los demás, con eso basta para que la ética subsista, imagina ella. De ahí su aserto sin complejos ni antiguos temores: "pienso y espero que la manipulación genética se convierta en una realidad" (p. 156), aunque ahora parezca "improbable" (1).

Si volvemos a la pregunta inicial, "¿Qué es el hombre?", la respuesta de Mary Warnock se resume así: un animal evolucionado, que se diferencia de otros, gradualmente, por poseer más imaginación y órganos para hablar. Lo esencial es su capacidad de proyectos y de sentir empatía con los demás. Se comprende que esta antropología materialista deje fuera de la condición de "plenamente humanos" a diversos colectivos. Por ejemplo:

"Es sabido que los psicópatas están obviamente entre aquellos a quienes nosotros mismos no podemos tratar como si fuesen completamente humanos, es decir, que sabemos que no podemos interactuar normalmente con ellos ni tampoco ellos con nosotros" (p. 160).

Todos aquellos (como los psicópatas) que no sean capaces de interacción lingüística y emocional normal están por debajo de la plenitud humana. Los dementes o los comatosos, pero también el embrión y el feto.


(1) Con fecha 29 de julio de 2002, el "Daily International Health Report" dio a conocer la opinión adversa de la filósofa en referencia a la prohibición de la clonación reproductiva que la Gan Bretaña suscribió. (volver)


 

índice general índice M.Warnock

ASSOCIACIÓ CATALANA D'ESTUDIS BIOČTICS (ACEB)
www.aceb.org - Tel +34 626 49 95 10 - correo para aceb

Copyright © 2005 Associació Catalana d'Estudis Biočtics